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La Muerte
Filosofía Tibetana
 
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La Muerte, ¿Es el final?

 
Reencarnación
 

La sociedad actual es tan soberbia como ingenua, cree que puede ignorar, negar, desafiar e incluso esquivar la ley del fin de la existencia material. Cree que puede ganarle a la muerte.
Casi ha llegado a hacernos creer que un día por fin la ciencia llegara a un punto en que tendrá éxito en su plan de prolongar la vida casi indefinidamente.
Un ilusionismo tal como este, que engendra falsas esperanzas, no puede, evidentemente, conducir más que a resultados aberrantes. Somos testigos hoy día de que estamos dispuestos a cambiar nuestra muerte natural, que podría ser apacible, en nuestra cama y rodeados de nuestra familia y nuestros objetos queridos, por un suplicio interminable en el anonimato de un hospital, donde elegimos ser tratados como ratas de laboratorio para que los médicos nos introduzcan agujas, nos alimenten mediante sondas y usen todos los mecanismos que están a su alcance para prolongar una existencia que ya ha perdido calidad humana. Y sin resultados reales, que solo nos transforma en supervivientes provisorios y sufrientes. Finalmente derrotados.
Aunque finjamos no verla, la muerte de todos modos esta allí, inevitable, tanto mas presente ahora que las enseñanzas tradicionales, que minadas por la ciencia se han derrumbado finalmente.
Todo el error que evidencia este enfoque esta sostenido en occidente por esa división entre el cuerpo y el alma, dualismo según el cual esta por un lado la materia y por otro, el espíritu, la vida y la muerte.
Este modo de pensar impide por si mismo toda posibilidad de solución.
La situación así creada ha llegado a un punto insuperable. Si bien resulta urgente ponerle remedio, no hay que caer por eso en afirmaciones in verificables.
Pero pareciera que hay evidencia de situaciones a las que se enfrenta el alma luego de desencarnar.
En 1975 se publico en EE UU un libro que a nivel medico produjo el efecto de una bomba: “vida después de la vida”, del medico norteamericano R.A Moody, En este trabajo se reunían mas de cuento cincuenta testimonios de pacientes considerados clínicamente muertos con paro cardiaco, y, aun en algunos casos, con electroencefalograma plano. Al ser revividos, coincidieron en narrar experiencias como el desdoblamiento, ser testigos oculares y auditivos de lo que ocurría con su cuerpo y los comentarios de los médicos, sensación de desapego, un túnel sombrío, una luz al final, seres luminosos acogedores, una proyección de su vida pasada, como una película en una pantalla, un “saber” que no era su tiempo todavía y que tenia que regresar a la vida física.
Además de concordar entre si, estas experiencias concordaban de manera sorprendente con los fenómenos expuestos en el “libro tibetano de los muertos” y otros viejos testimonios de experiencias similares, cosa que los entrevistados desconocían totalmente.
Este libro dio pie a que en occidente se comenzara a rever la postura de las diversas religiones frente a la desencarnacion y reencarnación.
Todas estas encuestas, estas búsquedas, convergen hacia un punto: el Tibet, porque en ninguna otra parte estos conocimientos han sido tan profundizados, manejados con tanta constancia y desde tiempo inmemorial. No hay nada de mórbido en esta curiosidad por el más allá, inspirada simplemente en el anhelo de vivir mejor ese instante ultimo, donde se resume toda la existencia que termina y se define el porvenir. Por este hecho, agregado a un factor que nosotros ignoramos: la practica asidua de la meditación, es que se encuentra en el Tibet, en el dominio de la psicología de las profundidades, un avance comparable al adquirido en el occidente sobre la técnica y las ciencias aplicadas.
Este antiguo desarrollo de la psicología en el Tibet ha sido reconocido y confirmado por el análisis efectuado sobre las capas tan largo tiempo ignoradas de la psiquis humana, por importantes psicólogos, sobre todo el discípulo de Freud, C.G Jung.

La Muerte en la Filosofía Tibetana